La vida en el ECyD gira en torno a cinco elementos: la vida de equipo, la formación, el apostolado, la vida espiritual y el acompañamiento.

Estos cinco elementos son experiencias de encuentro a través de las cuales el adolescente puede forjar sus convicciones y decisiones.

Vida de EquipoFormaciónApostoladoVida EspiritualAcompañamiento
Es un lugar de amistad verdadera, en el que los adolescentes se encuentran con sus amigos y con el Amigo, y en donde buscan crecer juntos y apoyarse en la vivencia de la propia fe. La vida de equipo es también una ayuda para despertar la creatividad y la iniciativa apostólica.


La formación se concibe como un camino de encuentros que llevan a los adolescentes a conocerse, aceptarse y superarse, a descubrir en Cristo el sentido pleno de sus vidas y a desarrollar su liderazgo como apóstoles.

Algunas actividades especialmente favorables para la formación que se proponen a lo largo el año:

  1. Encuentros semanales
  2. Convivencias y retiros
  3. Torneos deportivos
  4. Campamentos y convenciones de verano
  5. Misiones de evangelización

El adolescente del ECYD vive con el deseo ardiente y generoso de transformar el mundo para Cristo. Por ello, no sólo hace apostolado sino que es apóstol, aprovechando toda ocasión para colaborar con Cristo en hacer presente su Reino y dar testimonio de su fe. El ECYD incentiva a los adolescente a colaborar con generosidad y entusiasmo en la misión de Cristo y de la Iglesia.
La formación para el apostolado es también práctica, promueve la iniciativa y la vivencia concreta de la misión.

En el ECYD el adolescente tiene la oportunidad de encontrarse con Cristo, su mejor amigo, como alguien vivo y real que lo acompaña en todos los momentos de su vida.
Se busca preparar el corazón de los adolescentes para que descubran el valor profundo de los sacramentos, especialmente la Eucaristía y la Reconciliación, y que en ellos se encuentren realmente con Jesucristo quien, con su gracia, los renueva y fortalece.Se inicia y acompaña a los adolescentes en la oración personal para que descubran  la presencia de Dios en su corazón, lo escuchen, dialoguen con Él, busquen conocer su voluntad y recibir la fuerza para seguirla.

El acompañamiento es la atención personal y grupal que los formadores ofrecen a los adolescentes en las diversas circunstancias de su vida.
Con su cercanía y amistad, les orientan y caminan junto con ellos en la búsqueda de su felicidad y plenitud cristiana.